Esta es para mí la cara dulce de la distancia, cuando finalmente sacias el anhelo que te produce la búsqueda de tus propios logros y no puedes vivir en la misma ciudad ni compartir el diario como tantas veces nos gustaría.
El día ha sido muy ventoso, y cambiante, pero no por ello hemos dejado de callejear la ciudad y empezar a ver cada uno de sus rincones.
Hemos ido a comer con Juanfran para así poder estar todos el máximo tiempo juntos y como buenos suecos, esta tarde hemos merendado "Kanelboullé" gigante, mientra hemos descansado de las caminatas por la ciudad y hemos charlado.
Ya el viernes, Juanfran no trabajará, para poder así tener un fin de semana más largo y el lunes mudanza, para solventar el gran ruido de una máquina, que también ha formado parte de nuestra vida sueca y con el que ya no hemos podido más.
Por suerte será en el mismo edificio y tenemos 4 manos más para ayudarnos a trasportar las cosas de un lado a otro y así terminar lo antes posible para poder continuar con la vida del turista.
