
Así se llama uno de los libros que leo ahora, os lo recomiendo.
Dedico las últimas semanas más tiempo a leer que en meses anteriores o que habitualmente, dos en español y uno en inglés, y alguna revista que también me gusta comprar y leer de vez en cuando o el periódico de los domingos.
Cuando hablo de lectura, no puedo dejar de nombrar a las dos personas que me hicieron amarla y necesitarla cada día de mi vida: Juanfran y Ele.
Leer me tranquiliza, enriquece y me gusta pasar el tiempo frente a las vidas o relatos de otras gentes, puntos de vista y opiniones, aconteceres, temas de actualidad y si todo ello es a una hora razonable del día, antes de que tengas que estar sujetándote los párpados con los palillos de la ropa porque ya no puedes más, mejor que mejor.
Para mi la tele ofrece poco, lo que me facilita pasar siempre o casi siempre el final del día leyendo, los dos en el salón, ¡¡¡¡que gusto!!!, después de la cena, parando, como es justo y necesario.
Como decía, éste libro lo escribe la presidenta de la asocianción española de "slowpeople" y me gusta como insiste en la necesidad de parar en una sociedad en las que las prisas nos van llevando a un estrés y una desazón, como consecuencia de un ritmo de vida que no nos hace felices.
Yo por defecto, organizo mi vida en años escolares, asi que por mi propia forma de ser tengo que forzarme a parar, como ahora, me lo pide el cuerpo y la mente.
En el año hay tiempo de todo, me digo, mis cursos, mis actividades rutinarias, mi trabajo, mi familia, mi casa, mis amigos, mi deporte, pero un ritmo más lento, una desaceleración, es también necesaria para mi, pues soy tremendamente activa y si no tengo algo en la cabeza me lo busco. ¡ya tengo varias en proyecto!
Los occidentales, somos ricos en muchas cosas, pero pobres en tiempo.
Todos llevamos un cronómetro que nos recuerda nuestra condición de esclavos del tiempo: por eso yo no utilizo reloj los últimos años de mi vida.
¡bastante lo miro ya en mi horario laboral! ¡cada cambio de hora, esto da tiempo, esto no da tiempo, a esta hora llego, a esta hora me voy, a esta hora esta reunión, a esta hora esta familia!¡que cansado!
A fuerza de organizar nuestras vidas, de llenarlas de obligaciones y rutinas, dejamos escasas oportunidades para la improvisación, para ese acontecimiento que surge en el momento oportuno.
Yo odio eso de esta ciudad, de Madrid, de nuestra sociedad actual y de la vida adulta, en el día a día es poco probable incorporar algo innovador, no hay sitio ni tiempo para nada.
Me crié en una infancia diferente, donde las formas de ocio en las que hay que pagar siempre, eran a menudo sustituidas por otras formas de disfrute que fomentan las relaciones personales y familiares, la tranquilidad de las tardes siendo niña sin el agobio de una jornada repleta de actividades.
Ahora veo las vidas de mis pequeños en la escuela, de mis sobrinos u otras personas en la sociedad y sólo me entra un miedo aterrador sabiendo que todos, incluida yo, estamos dentro de ése ritmo que nos marca el siglo XXI.
Lo que me preocupa es que yo soy adulta ¿pero podemos dejar a los niños serlo, por favor?
¡siempre insito en ello en mis reuniones de padres, es un derecho fundamental y los pequeños no pueden llevar jornadas de adultos!
A mi misma me repito cada día que el presente es mió, con la alegría de saber que mucho de lo realmente valioso para mi vida, es gratis, y que lo único que necesito para vivirlo en plenitud es tiempo.
Aún así, a veces me atormenta no tener tiempo para emplear en lo que quiero y con quiero, fundamentalmente. Espero ahora poner ese acento en la lentitud, al menos unas semanas o mese incluso, sabiendo, que hay un tiempo para cada cosa y un momento para hacerla bajo el sol.
En mi vida, el tiempo es muy preciado, me alegro tanto de no tener que hipotecar mi vida al fin de semana, para tener tiempo de hacer las cosas que me gustan y me dan la vida.......Soy una ricachona :)
Dolo